Leonardo Anselmi

Mi blog vive.

Publicado en 1 por leonardoanselmi en 10 febrero, 2012

Así es amigas y amigos, lo siento mucho por ustedes: he decidido reactivar mi blog que había dejado atrofiado por falta de uso consecuencia de la falta de tiempo. Pero ya descubrí de dónde sacar ese tiempo, así que en unos días colgaré mis primeras entradas de esta segunda parte, el blog vive.

 

El tiempo que me ahorro de la habitación al despacho lo invertiré en este espacio. 

Ahorrando tiempo de la cama al living, diría Charly García.

La abolición no aceptará moratorias

Publicado en 1 por leonardoanselmi en 5 mayo, 2010

Puntualmente esta semana, en un proceso que se acabará el día Lunes, se ha hablado, y aún se habla, de las posibles moratorias que podrían aplicarse a la Iniciativa Legislativa Popular que estamos impulsando, y que tienen como único fin el abolir las corridas de toros en Catalunya.

Pero antes de hablar de términos y tiempos preferimos hablar de razones y de conceptos. El primero de ellos radica en la diferencia que existe entre el término “prohibir” y el término “abolir”. Prohibir es un efecto resultante de una serie de normas políticas y legislativas. Abolir, en cambio, tiene una connotación moral, ya que radica en anular procesos, actividades y comportamientos que atenten contra los valores y la ética social. Prohibir, en todo caso, es el efecto resultante de la decisión de abolir.

El segundo aspecto sobre el que deberíamos reflexionar es en la utilización de la palabra “moratoria”, entendido por algunos como un intento por alcanzar un acuerdo entre abolicionistas y anti-abolicionistas, y lo cierto es que, en este caso, no hay nada está más lejos de eso.

Durante esta semana los medios de comunicación nos consultaron acerca de nuestra postura de cara a una posible moratoria, ya que se estaban barajando cifras de 15 años, 10 años, 5 años. Y la pregunta siempre fue directa “Ante esta situación, la plataforma PROU ¿cuánto tiempo está dispuesta a aceptar?”. Y nuestra respuesta siempre ha sido la misma “no se trata de cantidad de tiempo, sino en concepto de qué deberíamos aceptar tiempo alguno”. La abolición no necesita tiempo, pues la ética y los valores sociales son actuales, existen a día de hoy, y si éticamente la sociedad catalana se decanta por borrar de su presente una actividad que desde hace mucho tiempo debería haberse quedado en su pasado, es porque la decisión en términos morales debe ser tomada con carácter de urgencia, sin trabas, ni retrasos, ni medias tintas. Si en cambio lo que se necesita es un tiempo ejecutivo para la prohibición de las corridas de toros, efecto inmediato de la abolición, entonces estamos hablando de otra cosa completamente diferente.

Pero si un partido necesita 15 años para poder ejecutar una Ley, se trata claramente de un partido incompetente. Lo mismo si fueran 10 años, y lo mismo si fueran 5 años. Si un partido pretende plantear una moratoria con un argumento diferente al ejecutivo, al técnico, y a la dificultad que puede presentar la implementación de la abolición ¿qué argumento sería ese? Ninguna lógica podría sostenerse.

La Plataforma PROU ha pedido a los partidos que bajo ningún punto de vista permitan que el texto final de la ILP acabe siendo una falta de respeto y una burla a todos los firmantes que pidieron la abolición. Si se tienen que abolir las corridas de toros que sea ya o que no sea; luego estamos dispuestos a hablar de cuánto tiempo, en términos técnicos, son necesarios para ejecutar su prohibición y el fin de la actividad.

Aunque la prohibición deba hacerse esperar, la abolición no aceptará moratorias.

Las Cornadas y la Animalidad del torero: hipocresía taurina.

Publicado en 1 por leonardoanselmi en 18 abril, 2010

Durante las comparecencias en el Parlament de Catalunya, donde especialistas y expertos de ambas posturas – la pro corrida y la abolicionista – explicaron al Parlament sus argumentos, razones y conocimientos, me llamó poderosamente la atención que David Pérez, Diputado del PSC y ferviente defensor de la perpetuidad eterna de las corridas de toros (a pesar de la voluntad popular de abolirlas), le preguntara a la escritora Espido Freire, defensora de la abolición, si a ella le parecía correcto que los antitaurinos se alegraran ante las cornadas que reciben los toreros en las plazas de toros. Según Pérez, él se siente “profundamente dolido” cuando escucha consignas tales como “ningún torero sin cornada”. Esta cuestión me ha generado una reflexión que quiero compartir con las personas que siguen este blog.

No puedo negar que hasta hace algún tiempo me alegraban las cornadas que recibían los toreros en la plaza. En cierta medida lo atribuyo a mi interpretación de la corrida de toros. Entendiendo que el toro es el único ser con capacidad de sufrir, junto con el caballo, que no ha decidido entrar allí y participar de este (¿cuál es la palabra correcta?) festejo, torneo, liturgia; y, entendiendo que el toro no gana nada por haber entrado, haber participado, haber sido herido, haber muerto, siempre tuve tendencia a pensar que “el torero se lo ha buscado”, y que quizás esas cornadas le harían reflexionar a estos hombres sobre el sufrimiento, el dolor, el riesgo de perder la vida, o perderla ciertamente. Quizás extorsionado por mi propia compasión por los animales indefensos llegué a pensar, en determinado momento, que una cornada es un acto de justicia.

 

Verbigracia: digo “indefensos” porque a las estadísticas me remito; por cada torero que muere en una plaza de toros habrán tenido que morir 450.000 toros. Por este motivo no podemos conceptualizar la corrida como un enfrentamiento justo.

 

Sin embargo hoy en día tengo varias razones para pensar diferente respecto a las cornadas, razones que forman parte de mi propia evolución ética, racional y activista:

1.  La primera razón por la que ya no pienso así, por la que ya no me alegro ante las cornadas que reciben los toreros es, ante todo, porque eso no beneficia en NADA al animal. Y debemos recordar que el animal, y sus beneficios, es el punto de partida, no único pero sí innegociable, de nuestro movimiento y de nuestra causa.

2.  Podemos pensar que es una forma en que el torero “paga” todo el mal que hace al toro. Sin embargo pienso que la venganza tampoco es un valor, en todo caso es una miseria y por tanto, y consecuente con ello, no debemos dar rienda suelta a tales sentimientos. La ética es una herramienta de la cual los seres humanos disponemos para poner freno a nuestros instintos irracionales. Debemos saber poner freno a los sentimientos humanos que nos deshumanizan, sentimientos como la venganza, el odio, la ira, todos ellos hablan mal de nosotros mismos.

3.  Festejar el sufrimiento ajeno es hacer apología de la violencia. Básicamente no podemos pedir el cambio que no estamos dispuestos a hacer y protagonizar. Un sentimiento positivo ante el sufrimiento ajeno es, ante todo, un sentimiento aberrante y violento. Sádico. Inhumano.

4.  La última razón se basa en el reconocimiento de la animalidad del torero como ser humano, ser animal, animal humano. Personalmente no encuentro argumento alguno para alegrarme por el sufrimiento de un animal, por mucho que ese animal sea generador de sufrimiento. Nuestro movimiento no radica en el enfrentamiento entre humanos “favorables al sufrimiento” y “contrarios al sufrimiento”. Nuestro movimiento, de hecho, no debería radicar en enfrentamientos sino en todo lo contrario, en encontrar los puntos de encuentro con otras personas, colectivos, con la sociedad en sí. Nuestro movimiento es pacifista, habla en positivo, defiende los intereses de los animales mediante discursos racionales, empáticos y compasivos. Por eso, porque el torero es un animal que también sufre, nuestra propia filosofía nos impide pensar de otro modo. Pensar que una cornada es algo bueno, es no reconocer nuestra propia animalidad como seres humanos, y es por tanto un sentimiento antropocéntrico.

Dicho todo esto vuelvo a las reflexiones de David Pérez, que es probablemente la misma reflexión que tienen muchos aficionados a las corridas de toros.

Aunque yo, como antitaurino y abolicionista, no me alegre de las cornadas que reciben los toreros, que sea un aficionado y defensor de la perpetuidad de las corridas quién diga que dichas consignas le “producen un profundo dolor” me resulta de una hipocresía, disociación, esquizofrenia o miopía absolutas. Deben pensar, debe pensar el señor Pérez (entre otros), que si fuera por los abolicionistas no habría cornada alguna, ni tampoco habría toreros muertos en las plazas, ni toros torturados. Si fuera por los abolicionistas nada de esto sería posible. Sin embargo, deben reflexionar, a la vez, que es el propio público taurino quién propicia que éstas cornadas sean posibles, y también las muertes de toreros, y también los toros torturados (los que más), aunque esto último no les genere ningún “dolor”, ni “profundo” ni superfluo. Y es justamente aquí donde radica su mayor hipocresía: este posicionamiento de los aficionados, como el caso de David Pérez, no está basado en la racionalidad del torero, ni en su capacidad de habla. Está basado en que las cornadas duelen, y que por tanto generan sufrimiento a un ser con capacidad de interpretarlo. El mismo argumento por el cual los abolicionistas nos oponemos a la continuidad de las corridas de toros. Para que no sufran más animales: animales toros, animales caballos, animales humanos inclusive.

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