Leonardo Anselmi

Las Cornadas y la Animalidad del torero: hipocresía taurina.

Posted in 1 by leonardoanselmi on 18 abril, 2010

Durante las comparecencias en el Parlament de Catalunya, donde especialistas y expertos de ambas posturas – la pro corrida y la abolicionista – explicaron al Parlament sus argumentos, razones y conocimientos, me llamó poderosamente la atención que David Pérez, Diputado del PSC y ferviente defensor de la perpetuidad eterna de las corridas de toros (a pesar de la voluntad popular de abolirlas), le preguntara a la escritora Espido Freire, defensora de la abolición, si a ella le parecía correcto que los antitaurinos se alegraran ante las cornadas que reciben los toreros en las plazas de toros. Según Pérez, él se siente “profundamente dolido” cuando escucha consignas tales como “ningún torero sin cornada”. Esta cuestión me ha generado una reflexión que quiero compartir con las personas que siguen este blog.

No puedo negar que hasta hace algún tiempo me alegraban las cornadas que recibían los toreros en la plaza. En cierta medida lo atribuyo a mi interpretación de la corrida de toros. Entendiendo que el toro es el único ser con capacidad de sufrir, junto con el caballo, que no ha decidido entrar allí y participar de este (¿cuál es la palabra correcta?) festejo, torneo, liturgia; y, entendiendo que el toro no gana nada por haber entrado, haber participado, haber sido herido, haber muerto, siempre tuve tendencia a pensar que “el torero se lo ha buscado”, y que quizás esas cornadas le harían reflexionar a estos hombres sobre el sufrimiento, el dolor, el riesgo de perder la vida, o perderla ciertamente. Quizás extorsionado por mi propia compasión por los animales indefensos llegué a pensar, en determinado momento, que una cornada es un acto de justicia.

 

Verbigracia: digo “indefensos” porque a las estadísticas me remito; por cada torero que muere en una plaza de toros habrán tenido que morir 450.000 toros. Por este motivo no podemos conceptualizar la corrida como un enfrentamiento justo.

 

Sin embargo hoy en día tengo varias razones para pensar diferente respecto a las cornadas, razones que forman parte de mi propia evolución ética, racional y activista:

1.  La primera razón por la que ya no pienso así, por la que ya no me alegro ante las cornadas que reciben los toreros es, ante todo, porque eso no beneficia en NADA al animal. Y debemos recordar que el animal, y sus beneficios, es el punto de partida, no único pero sí innegociable, de nuestro movimiento y de nuestra causa.

2.  Podemos pensar que es una forma en que el torero “paga” todo el mal que hace al toro. Sin embargo pienso que la venganza tampoco es un valor, en todo caso es una miseria y por tanto, y consecuente con ello, no debemos dar rienda suelta a tales sentimientos. La ética es una herramienta de la cual los seres humanos disponemos para poner freno a nuestros instintos irracionales. Debemos saber poner freno a los sentimientos humanos que nos deshumanizan, sentimientos como la venganza, el odio, la ira, todos ellos hablan mal de nosotros mismos.

3.  Festejar el sufrimiento ajeno es hacer apología de la violencia. Básicamente no podemos pedir el cambio que no estamos dispuestos a hacer y protagonizar. Un sentimiento positivo ante el sufrimiento ajeno es, ante todo, un sentimiento aberrante y violento. Sádico. Inhumano.

4.  La última razón se basa en el reconocimiento de la animalidad del torero como ser humano, ser animal, animal humano. Personalmente no encuentro argumento alguno para alegrarme por el sufrimiento de un animal, por mucho que ese animal sea generador de sufrimiento. Nuestro movimiento no radica en el enfrentamiento entre humanos “favorables al sufrimiento” y “contrarios al sufrimiento”. Nuestro movimiento, de hecho, no debería radicar en enfrentamientos sino en todo lo contrario, en encontrar los puntos de encuentro con otras personas, colectivos, con la sociedad en sí. Nuestro movimiento es pacifista, habla en positivo, defiende los intereses de los animales mediante discursos racionales, empáticos y compasivos. Por eso, porque el torero es un animal que también sufre, nuestra propia filosofía nos impide pensar de otro modo. Pensar que una cornada es algo bueno, es no reconocer nuestra propia animalidad como seres humanos, y es por tanto un sentimiento antropocéntrico.

Dicho todo esto vuelvo a las reflexiones de David Pérez, que es probablemente la misma reflexión que tienen muchos aficionados a las corridas de toros.

Aunque yo, como antitaurino y abolicionista, no me alegre de las cornadas que reciben los toreros, que sea un aficionado y defensor de la perpetuidad de las corridas quién diga que dichas consignas le “producen un profundo dolor” me resulta de una hipocresía, disociación, esquizofrenia o miopía absolutas. Deben pensar, debe pensar el señor Pérez (entre otros), que si fuera por los abolicionistas no habría cornada alguna, ni tampoco habría toreros muertos en las plazas, ni toros torturados. Si fuera por los abolicionistas nada de esto sería posible. Sin embargo, deben reflexionar, a la vez, que es el propio público taurino quién propicia que éstas cornadas sean posibles, y también las muertes de toreros, y también los toros torturados (los que más), aunque esto último no les genere ningún “dolor”, ni “profundo” ni superfluo. Y es justamente aquí donde radica su mayor hipocresía: este posicionamiento de los aficionados, como el caso de David Pérez, no está basado en la racionalidad del torero, ni en su capacidad de habla. Está basado en que las cornadas duelen, y que por tanto generan sufrimiento a un ser con capacidad de interpretarlo. El mismo argumento por el cual los abolicionistas nos oponemos a la continuidad de las corridas de toros. Para que no sufran más animales: animales toros, animales caballos, animales humanos inclusive.

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La abolición de la inconsciencia

Posted in 1 by leonardoanselmi on 7 abril, 2010

“Cambia lo superficial, cambia también lo profundo; cambia el modo de pensar, cambia todo en este mundo; cambia el clima con los años, cambia el pastor su rebaño, y así como todo cambia que yo cambie no es extraño…” Julio Numhauser

 

¿Existe alguna posibilidad de que aquellas personas aficionadas a las corridas de toros reconsideren su postura? A mi no me cabe duda de que sí, y a las pruebas me remito. 

 

Primero les quiero presentar a Álvaro Múnera; antiguamente le conocían como “el Pilarico”, un torero colombiano de gran proyección que el día 22 de Septiembre de 1984, en la plaza de toros de Albacete, recibió una cornada que acabó con su vida. Su vida hasta el momento, porque Álvaro volvió a nacer.

En el 2008 participé en una de sus ponencias y mi pregunta fue directa: “la cornada en Albacete ¿suerte o tragedia?” Con una tranquilidad digna de una persona que parecía conocer de antemano la pregunta me respondió “suerte, aquel día empecé a vivir”.

Hoy Álvaro Múnera es Regidor de Medellín, y Presidente de la Fundación FAUNA, a la vez que uno de los líderes del movimiento animalista en Colombia.

El siguiente vídeo lo grabó a pedido de la Plataforma PROU para ser entregado a todos los Diputados Catalanes.

 

Menos conocido es el caso de otro torero andaluz, Chiquilín de Córdoba, que en el año 2007 concedió una entrevista al diario ABC, y que se tituló “Yo he visto a los toros llorar”. En la misma el ex – torero manifestó que ya vuelve la cara ante un descabello, y que “los animales sufren y les duelen las cosas”.

 

También les quiero contar la historia de mi amigo José Maria Bautista, oriundo de Motril, Granada, un gran tipo al que conocí por cuestiones laborales. Era una época en la que sin gustarme las corridas de toros, tampoco estaba vinculado todavía al movimiento por los derechos de los animales, por lo que el tema “toros sí, toros no” no salió entre nuestras conversaciones. Algo impensable 4 años después, cuando volvimos a vernos en su tierra y me preguntó “¿y tú por qué eres vegetariano?”

La conversación duró poco más de una hora. Hoy José María, poeta por afición y buen tipo por condición, ya no es aficionado a las corridas de toros, sino que además uno de sus poemas está listado en el libro que dirigió mi amigo Ángel Padilla, “Poetas contra Toreros”.

 

Les hablaré además de Antonio Moreno Abolafio, hoy presidente del Colectivo Andaluz Contra el Maltrato Animal. De la mano de Antonio yo entendí mucho sobre el toreo, y mucho sobre el taurino. Comprendí que una persona aficionada a las corridas de toros no es un verdugo sino una víctima. Una víctima de un modelo educativo que no eligió, que no pidió, que simplemente recibió, como la mayoría de los modelos educativos que todos y cada uno de nosotros recibimos.  Todavía recuerdo algo que Antonio me dijo a las puertas de las plaza de toros de Barcelona, el día en que 5000 personas nos congregábamos para pedir la abolición de las corridas de toros. Mientras mirábamos los aficionados entrar a las plazas le pregunté “¿crees que estas manifestaciones les ayudan a tomar consciencia o causan el efecto contrario?” Antonio me respondió “yo no los puedo culpar: el colorido, los amigos, la música, hasta el aroma te cautiva. Yo sé lo que se siente estando allí dentro, simplemente me gustaría que cada uno de ellos pueda saber lo que se siente estando aquí fuera”.

Pero Antonio se explica mucho mejor hablando que por escrito; así que aquí les pego el link a una parte de su comparecencia en el Parlament de Catalunya. Cuando queráis invertir muy bien unos buenos 30 minutos, os recomiendo que miréis a consciencia esta comparecencia.

1ª parte: http://www.parlament.cat/web/actualitat/canal-parlament/videos?p_cp1=600000&p_cp2=601815&p_cp3=76&p_cp22=cerca

2ª Parte: http://www.parlament.cat/web/actualitat/canal-parlament/videos?p_cp1=600000&p_cp2=601962&p_cp3=76&p_cp22=cerca

 

Y para despedirme quiero compartir con vosotros una grata sorpresa que me encontré, hace apenas dos días, navegando por internet en el diario La Verdad de Murcia: Corridas de toros.   

Con tanta evidencia sobre la mesa sólo me quedan un par de reflexiones.

La primera la encamino directamente a los aficionados a las corridas de toros. ¿Piensan Ustedes que un elemento tan importante de la cultura y la tradición en estas tierras, que ha generado tantas obras de arte, libros, poesías, canciones, debe morirse de la forma en que lo está haciendo? ¿debe morirse la tauromaquia agonizando entre respiradores automáticos también conocidos como “dinero público”, que la industria mendiga arrastrada entre los pasillos de las diferentes administraciones? ¿debe morir entre chapuzas, afeitados, toros drogados y sin casta, a mano de presidentes de plaza corruptos, políticos oportunistas, empresarios insaciables y toreros auto-endiosados?

Y la segunda reflexión la dirijo al público en general. Conozco no sólo a estos “arrepentidos”, he conocido a muchos más. Muchos nos escriben dándonos ánimos, incluso confesando, hasta penitentes, que hasta hace no mucho se deleitaban viendo morir animales tras un insoportable sufrimiento en el ruedo. Sin embargo no conozco ningún antitaurino que se haya pasado al lado contrario. ¿Esto quiere decir algo? Por supuesto que sí. Quiere decir que la consciencia es un proceso evolutivo. Si tomamos consciencia evolucionamos. Y esto no sólo beneficia a los animales, la evolución nos beneficia a todos.

Por la abolición de la inconsciencia.

 

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